Semillas de verdad. Vandana Shiva habla de la autodeterminación

por Mari Cruz Beraza, 28 de agosto de 2016
Grain. Biodiversidad 89 / 2016-3

Entrevista y notas: Alberto Betancourt y Verónica Villa

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En abril de 2013, Vandana Shiva afirmó en la Facultad de Ciencias de la UNAM: “la defensa de las semillas autóctonas y la lucha contra los transgénicos implica defender nuestro derecho a decidir: qué queremos sembrar, cómo queremos producir, qué queremos comer, y cómo queremos vivir, pero esa lucha implica también defender nuestro derecho a la libertad y a la autodeterminación”, lo que representa una continuación de la lucha de Gandhi. El pasado 3 de junio, Vandana Shiva visitó México para reunirse con las organizaciones que están preparando la defensa de los saberes tradicionales y los derechos indígenas, dentro y fuera de la XIII Conferencia de las Partes, del Convenio sobre Diversidad Biológica que se realizará en Cancún del 4 al 16 de diciembre.

En medio de un torrente de actividades aceptó respondernos 4 preguntas: Por qué es importante la lucha contra los transgénicos, cómo logró el movimiento social prohibir los transgénicos en India, de qué manera esa lucha continúa el esfuerzo de Gandhi, qué ejemplos de triunfos recientes son importantes. Habla Vandana Shiva:

“A cualquiera que le importe la libertad y la vida, le es imperativo resistir a los transgénicos, porque en ellos se concentran cada una de las formas históricas de opresión. Primero, porque los OGM nos quitan nuestro legado: nuestro conocimiento, nuestros saberes, nuestra cultura, y lo declaran propiedad privada de quienes lo robaron. Colón lo hizo con la tierra y el oro. Monsanto lo hace hoy con nuestra biodiversidad. El hurto se perpetra mediante patentes. Los transgénicos son el camino para el proceso de patentes de las semillas, de la vida. El sistema de Monsanto ha sido terrible para los campesinos. India es la tierra del algodón, y los agricultores que lo cultivan ahora son esclavos de Monsanto. 95% de las semillas de algodón, un cultivo crucial para nuestra economía, es controlado por Monsanto, porque es algodón transgénico BT propiedad de la empresa. Monsanto ya destruyó los reservorios de semillas campesinas de algodón, engatusó a las empresas locales a que firmaran contratos de uso, y destruyó el sistema público de fitomejoramiento”.


La física egresada de la Universidad del Punjab y doctora en física por la Universidad de Ontario Occidental explica:


“Monsanto entró en India ilegalmente con el algodón BT. Nosotros, que habíamos participado en la redacción de las leyes de bioseguridad en nuestro país demandamos a dicha empresa porque sabíamos que había infringido la ley al momento de introducir sus semillas transgénicas. El gobierno se vio obligado a hacer valer la ley. Aunque Monsanto se las arregló para lograr que se aprobara su algodón BT, cuando quiso introducir otro cultivo, la berenjena BT —del que somos centro de diversidad pues tenemos 4 mil 500 variedades en India—, nos movilizamos en gran escala. El gobierno se vio obligado a organizar 7 audiencias públicas, a partir de las cuales con los testimonios obtenidos en diálogo abierto con científicos, agricultores y consumidores reconoció que muchísima gente insistía: “no queremos este veneno”. Hace un año hubo el intento de imponer la mostaza transgénica. De la mostaza derivamos un aceite comestible sumamente importante para India. Lo detuvimos. Cada año, sistemáticamente, intentan que se apruebe la siembra comercial de algún cultivo. Cada introducción de cultivos transgénicos, sea en México o en India, comete alguna violación en algún nivel de las previsiones legales. Porque nuestras leyes están diseñadas para proteger la biodiversidad, están diseñadas para proteger a los agricultores. La introducción de transgénicos implica la aceptación del monopolio, rompe las reglas de la competencia, exacerba la explotación de nuestros agricultores”.


“Asistí a una reunión, en 1987, de los líderes mundiales de las corporaciones químicas que discutían cómo hacer más armas químicas” continúa Vandana Shiva para explicar la vitalidad de la tradición gandhiana. “Y lo único que siguen haciendo son químicos para matar. Y decían: ‘ya no ganamos lo mismo que antes fabricando químicos. Necesitamos ingeniería genética para patentar las semillas y nuestras nuevas fuentes de ganancias, a nivel global, serán las regalías’. Debemos establecer en nuestros acuerdos mundiales derechos de propiedad intelectual para establecer que la semilla es nuestra invención, y por lo tanto nuestra propiedad’. Ese día decidí que debía sumarme a la defensa de las semillas. Me dio escalofrío cuando pensé ¿cinco compañías quieren apropiarse de toda la vida en la Tierra y hacer ilegal que los campesinos mantengan sus semillas y las conserven? Ésta es la más terrible de las dictaduras. Es el peor imperialismo y tenemos que resistirlo, pero no sabía cómo, así que miré hacia atrás, hacia Gandhi. Tomamos los principios Navdanya, que es el equivalente a la milpa, que significa las 9 semillas juntas, los 9 cultivos, la diversidad reunida”.


Y continúa: “Este movimiento se fundó en dos principios de la lucha de Gandhi: primero, una profunda idea de la libertad, que en una de sus acepciones políticas se refiere a liberarnos de los colonizadores. Eso lo logramos en 1947, pero esa libertad se convirtió en poder centralizado en manos del Estado, porque los imperios así lo organizaron. No era aún libertad de los pueblos. Gandhi definió la verdadera libertad como autogobierno, autodeterminación, lo cual significa que gobiernas al servicio de tu comunidad. Así que tomamos eso para las semillas, semillas en libertad le decimos en nuestra lengua, que implica que no solamente las vamos a cuidar, sino que nos opondremos a cualquier regla que haga imposible que las cuidemos. El segundo principio que Gandhi nos brindó como país, que también es algo para todo el mundo fue su lucha por la verdad que puede traducirse como la no cooperación con leyes injustas, que a su vez se ha interpretado como desobediencia civil. Gandhi vino a India en 1915 —cuando aún éramos parte del Imperio Inglés y nos obligaban a cultivar algodón e índigo en condiciones de esclavitud—, y fue a hablar con los campesinos que morían de hambre trabajando para enviar todo el algodón y el índigo a Inglaterra. En 1917 (serán 100 años el próximo año) habló con los sembradores de índigo, hasta el punto de que todos decidieron dejar de sembrarlo. A ese episodio le llamamos “la satyagraha del índigo”, un movimiento de negación pacífica, (parecida a una huelga). Fue el fin del cultivo del índigo en India. En 1930, el imperio, a la usanza de Monsanto, cuya estrategia es monopolizar las semillas y forzar a los agricultores a la hambruna para asegurar todas las ganancias, dijo bueno, haremos ahora el monopolio de la sal. Y escribió la ley de la sal. Gandhi fue a la playa, levantó un puño de sal y dijo: la naturaleza nos la regala, nosotros la necesitamos para vivir, seguiremos produciéndola. E inició la satyagraha de la sal”.


La defensora de las 3 mil variedades de arroz existentes en India, fundadora de 60 bancos de semillas, prosigue su relato en la actualidad:


“Dado que las corporaciones de semillas y agroquímicos se están fusionando nuevamente, consolidando mayor poder, nosotros como pueblos debemos unir las resistencias contra el poder abusivo que están acumulando. Cuando la unidad ha sido posible nuestros logros son enormes. En India se intentó imponer una ley para evitar que los agricultores tuvieran sus semillas, e iniciamos una satyagraha en todo el país que logró la derogación de esa ley. También hemos redactado leyes para proteger la biodiversidad y los derechos de los campesinos. Hace dos años, en 2014, los europeos nos contaron de una ley que prohibía las semillas locales, y ayudamos a movilizar muchos lugares en Europa, trabajamos con los parlamentarios europeos y logramos mil 200 enmiendas esa ley. Cuando la Comisión Europea la tuvo en sus manos decidió no aprobarla”.


Defender nuestras semillas es también defender nuestra libertad. Cuando Vandana habla de semillas de verdad, habla también de encontrar en nosotros mismos la fuerza que nos permita resistir la opresión.


“En Colombia, cuando se hizo el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, se les dijo a los agricultores colombianos que no podrían conservar sus semillas, y nos pusimos a trabajar con ellos y esa ley se echó para atrás. Actualmente, en Estados Unidos muchas iniciativas independientes de conservación de semillas están siendo llamadas ‘actos de terrorismo agrario’. Y hay leyes como la de California o Pensilvania donde está prohibida la conservación de semillas propias. En ese país es importante que emprendan sus propias satyagraha de semillas, que luchen contra las injustas leyes. Cuando nos dimos cuenta en India que las corporaciones querían patentar la vida, las semillas, comenzamos la satyagraha de las semillas, incluso antes de que se escribieran leyes favorables a las corporaciones. Y dijimos nosotros no estamos comprometidos nunca a obedecer estas leyes injustas de las semillas, porque hay que obedecer leyes superiores como habitantes de esta Tierra, leyes que nos enseña nuestra cultura, y es que en nuestra cultura todos somos familia, la biodiversidad no es nuestra propiedad, no es nuestra invención y no obedeceremos ninguna ley que se interponga con nuestro deber superior con la Tierra, la biodiversidad y las generaciones futuras”.
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