Vida en un Haití devastado

Stephen Lendman / 18 de septiembre de 2010

Nueve meses después del terremoto del 12 de enero, los haitianos todavía no respiran con alivio. Más de un millón y medio de personas siguen sin hogar y se esfuerzan por sobrevivir, a pesar de los mil millones en la ayuda enviada o prometida. Dinero que es para el desarrollo, para organizaciones no gubernamentales que se lo apropian, no es dinero para ellos. Este es el problema, con el consiguiente sufrimiento, y la poca atención que ya prestan los medios ante la grave situación.

El 15 de septiembre, el periodista de The Angeles Times Joe Mozingo, escribió en los titulares, “Ningún plan a la vista para las personas sin hogar de Haití,” diciendo:

Dónde colocarlos es discutible, en la reconstrucción hay una cuestión potencialmente explosiva: ¿de quién es la tierra? Por ejemplo, antes del terremoto, los arrendatarios solían plantar maíz y caña de azúcar en parcelas de 20 acres, pertenecientes a una familia rica, por debajo de la líneas de transmisión de la ciudad de Delmas, camino 33.”

Ahora unas 25000 personas utilizan como viviendas unas construcciones situadas en campos temporales, mal protegidas contra la lluvia torrencial o el mal tiempo. Cuando las fuerzas de seguridad tratan de desalojarlos, los moradores utilizan rocas, palos o machetes para disuadirlos.”

No estamos cómodos aquí, anoche llovió, llené tres baldes de agua dentro de mi casa. Pero nadie nos dice donde podemos ir. No nos queremos ir a otro sitio”, decía Katlyne Camean.

Se enfrentan a un gobierno indiferente, que les presta poca ayuda, en unas condiciones inaceptables para cualquiera, sin una comida adecuada, sin saneamiento, sin agua potable, en refugios deteriorados, sin lo necesario, sin que se busquen soluciones a su situación y la comunidad internacional hace la vista gorda.

Los escombros están presentes por todas partes; sólo el 2% se han retirado. El 1 de septiembre, Tamara Lush, de AP, decía que en Puerto Príncipe está lleno de losas cuarteadas, bloques rotos, edificios destruidos, casas demolidas y el hormigón esparcido por las calles y aceras. “Según las estimaciones, el terremoto dejó aproximadamente 33 millones de yardas cúbicas de escombros en Puerto Príncipe, más de siete veces la cantidad de hormigón utilizado en Hoover Dam.

En realidad, la situación difiere poco de la de hace 9 meses: autoridades que ofrecen excusas sin una explicación, se utiliza poca maquinaria pesada, caminos y carreteras cortadas, y pocos vertederos para depositar los escombros.

No hay un plan directriz, dice Eric Overvest, director del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas. Nadie se hace responsable, según dice el arquitecto haitiano Leslie Voltaire: “ Uno se echan la culpa a otros sobre la falta de resolución de los problemas. Debería haber una persona encargada. La reconstrucción no ha comenzado aún, y no se puede hacer hasta que la ciudad no se limpie completamente.”

Las cantidades destinadas a la ayuda se pierden en los trámites burocráticos, en este país que ha sido despiadadamente explotado durante siglos. Si un temblor parecido golpeara en San Francisco, la reconstrucción empezaría de forma inmediata. El dinero está disponible para las comunidades blancas y ricas, no para las pobres y negras.

Los residentes en Nueva Orleans, que sufrieron la devastación del huracán Katrina, conocen las condiciones extremas después de cinco años, como otras comunidades negras americanas afectadas por catástrofes. Han recibido poca ayuda, menos en época de situaciones económicas extremas.

Refugee International (RI) en Haití

Refuge International acude en ayuda y protección de las personas desplazadas y promueve soluciones a las crisis producidas por los desplazamientos.” En concreto, presta ayuda a 41 millones de refugiados en todo el mundo, tanto a desplazados como aquellos otros que no poseen derechos de ciudadanía.

Emilie Parry y Melanie Teff volvieron a Haití durante la segunda campaña de Refuge International, “emprendida como una respuesta humanitaria y prestar protección…”

Parry el 13 de septiembre publicaba un artículo titulado: “ Haití: estancada en situación de emergencia”:

Los haitianos ya están al corriente de que su situación de emergencia va para largo. Al igual que la parálisis corporal, la ayuda humanitaria está paralizada. Las redes comunitarias y locales se atrofian, y la situación parece descomponerse rápidamente.

Hay una indiferencia mundial. La reconstrucción se ve como un negocio, abandonando a los haitianos pobres a una supervivencia incierta.

El 2 de marzo, ir decía en un informe: “ …la situación es desesperada para los sobrevivientes, sin comida, sin agua, sin refugio, sometidos al abuso y la explotación.” Necesitan una enorme cantidad de ayuda, que se promete, pero no llega.

Ir recomendó unir los esfuerzos humanitarios a las redes civiles de Haití, tanto las organizaciones de la comunidad, como las organizaciones no gubernamentales. Sin embargo, los egoísmos se colocaron por delante: las organizaciones de base fueron descartadas, dando paso a organizaciones no gubernamentales corporativas y acostumbradas a sacar provecho de las miserias humanas.

La población no tuvo acceso a las reuniones con los representantes de Naciones Unidas en Puerto Príncipe, para dar una respuesta coordinada:

La mayor parte de las personas que perdieron sus casas se construyeron armazones de hojas y palos para protegerse de la lluvia. El saneamiento no tiene las mínimas condiciones.. La necesidad de refugios plantea problemas logísticos inmensos…unido a los derechos de propiedad”, una cuestión que todavía el gobierno de Preval no ha resuelto. “ La coordinación del equipo humanitario es ineficaz. El Coordinador Humanitario tardó tres semanas en solicitar una reunión para coordinar la ayuda.”

El daño causado a las áreas afectadas tiene implicaciones más allá de la reconstrucción de Puerto Príncipe. El país entero necesita ayuda, sobre todo para su población empobrecida y explotada, que el terremoto les dejó en situación desesperada.

El 13 de septiembre escribía Parry:

“…en cada espacio semiabierto de Puerto Príncipe, y los alrededores, vemos personas desplazadas, que improvisan chabolas, tiendas de campaña… todo muy junto, llenando todo el espacio. No hay letrinas, ni duchas… ninguna comunicación con las agencias internacionales o locales que respondan ante esta situación de emergencia.”

La caótica situación ha llegada a ser extrema, tal que nada de lo necesario se proporciona. Hay ausencia de seguridad, sobre todo para las mujeres, que se ven expuestas a abusos y violaciones. El problema con los niños es enorme.

Haití no parece haber avanzado nada desde enero, “el hedor de las aguas residuales y las basuras es insoportable, y los haitianos siguen en el abandono más absoluto… Niños y adultos presentan erupciones en la piel, infecciones, debido a las deficientes condiciones sanitarias. Las chabolas están en unas condiciones indecentes, muchas han sido destruidas por las recientes tormentas… “

[…]

http://dissidentvoice.org/2010/09/22102/

Traducido del inglés por Zenón

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