Reacciones emocionales ante la crisis

por Robert Jensen / 23 de junio 2010

Vivimos tiempos de múltiples crisis, económicas, políticas, culturales y ecológicas, que suponen una amenaza para la vida humana tal y como la entendemos.

No hay forma de percibir la profundidad de esta crisis sin una reacción emocional. No hay forma de ser conscientes del dolor causado por estos fallos del sistema sin tener experiencia de temor, angustia y depresión.

Para ser plenamente conscientes de lo que ocurre hay que sentir la angustia, no la nuestra propia, sino la del mundo, que atraviesa un periodo de colapso.

He sentido esto durante algún tiempo, y aún así he dudado en hablar de ello en público, por temor de ser acusado de negativo o incluso apocalíptico. Pero muchos estamos rompiendo con ese temor, porque más que nunca ahora es el momento de enfrentarnos a esta cuestión de la vida política. Hablar públicamente de la angustia que se siente es motivo de fortalecimiento, más que debilitamiento, de nuestro compromiso político (cualquier programa político medianamente sensato con el que nos fuéramos a comprometer a largo plazo tiene que hacer una evaluación honesta de la realidad) .

Y así es como resumiría nuestra realidad actual: debido a las consecuencias destructivas de la intervención humana, no está nada claro que por mucho más tiempo los ecosistemas planetarios puedan sostener la vida humana a escala actual. Si examinamos los datos de cualquier cuestión crucial, la energía, el agua, la erosión del suelo, la alteración del clima, la contaminación química, la biodiversidad, todo son malas noticias. Oír tópicos como la necesidad es la madre de la ciencia, expresa un fundamentalismo tecnológico huero: afirmar que queremos resolver los problemas no garantiza que podamos hacerlo. El hecho de que no hayamos dado el primer paso y el más obvio, el de cambiar de una vida que requiere un gran consumo de energía, no es buen augurio para los tiempos venideros.

A pesar de que la angustia no esté limitada por las riquezas del mundo industrial, donde muchos de nosotros tenemos tiempo para reflexionar sobre todo esto porque nuestras necesidades materiales se ven satisfechas, muchos de nosotros que vivimos en una relativa comodidad, son los que más hablamos de esta lucha emocional. Eso no quiere decir que nuestras emociones sean legítimas o que la lucha sea auto-indulgente, ni esta discusión supone un abandono de la política, sino que debe ser una parte esencial de la configuración de un proyecto político.

Me gustaría ayudar en este proceso. He empezado a hablar con la gente que tengo más cerca sobre cómo se siente, para así ampliar mi comprensión. Mediante el uso de Internet y el correo electrónico, limitando el alcance de la investigación a la red, pues creo que es un buen lugar para empezar.

Mi petición es simple: si usted piensa que le ayudaría a clarificar su comprensión de esta lucha diaria, pueden enviarme a mi cuenta de correo sus reacciones a esta crisis y colapso del sistema, al cualquier nivel de detalle que desee. Estoy muy interesado en sus estados emocionales, aunque cualquier ejercicio de este tipo incluye un componente intelectual, no hay una línea clara entre lo analítico y lo emocional, entre el pensamiento y el sentimiento. La comprensión de nuestras emociones está relacionado con el análisis de la salud de nuestros ecosistemas, los sistemas responsables de esta situación y las posibilidades para el cambio.
Puede ser un material interesante para emplearlo en los debates públicos y para la redacción de ensayos, aunque necesitaría saber si está dispuesto a que se hagan públicas sus palabras, bien que sean citadas en los foros, bien que se haga de forma anónima, con el permiso para ser citado pero no identificado, etc….

Mi intención es informar a cada persona que esté interesada. Si desea figurar en una lista de distribución, hágamelo saber. Por favor, envíenme sus textos en el cuerpo del mensaje del correo electrónico, no como archivo adjunto, a : robertwilliamjensen@gmail.com.

Espero que todos empiecen a hablar abiertamente del tema y sobre este aspecto de nuestra lucha. Si existe la posibilidad de un futuro digno, tenemos que mantener nuestra capacidad de empatía. La mayoría de nosotros puede identificarse en los temores y sentimientos de los demás, y podemos intentar entender al otro. El siguiente paso es abrirse al mundo, lo que requiere de una capacidad de sentir tanto la alegría como el dolor que nos rodea.

http://dissidentvoice.org/2010/06/the-anguish-of-the-age-emotional-reactions-to-collapse/#more-18691

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