Rabia en la carretera: ataúdes de metal

por E.R. Bills / 22 de abril de 2010

Ya formo parte de las estadísticas de tráfico.

Camino del trabajo tuve el otro día un leve ataque de rabia. Circulaba tranquilamente cuando vi a un imbécil que llevaba demasiadas pegatinas en su parachoques.

Iba indiferente a un vehículo que circulaba al lado, hasta que pude leer en su parabrisas trasero un rótulo que decía “no se deje engañar, el tesoro del conductor está en el cielo”. Y luego pasó otro con otra calcomanía: “Nadie es perfecto, pero somos perdonados.” Entonces pensé que el conductor del primer vehículo era más fácil que pasase por el ojo de un aguja que el propietario del segundo vehículo, pero como estaban discutiendo por ciertos bienes inmuebles seguí conduciendo impertérrito.

Pero a toda velocidad pasó un vehículo deportivo con otra pegatina que decía: “Amo mi huella de carbono.” Y luego una camioneta que se interpuso en mi carril, se hizo eco del deportivo, llevando en la ventana: “el calentamiento global es una mentira.”

Vaya, pensé, voy a tener que conseguir una calcomanía que diga: “Me encanta la tala de los bosques tropicales” o “Que se extinga el corazón humano.”

Lo sé, lo sé. Ya sé que hay disensiones sobre el Calentamiento Global, sobre el cambio climático, sobre la evolución, ¿ pero tenemos pruebas irrefutables de Jesús, Dios y el Conejito de Pascua?

Lo siento. Quiero ser discreto y juicioso, pero ¿ qué bufones irresponsables son capaces de airear semejantes tonterías? El calentamiento global y el cambio climático no son fenómenos inventados por las maquinaciones de ciertos científicos liberales con el objeto de privar a la clases ociosas de su botín. Está sucediendo de manera paralela o otros muchos síntomas alarmantes que indican que los seres humanos van dejando huellas por todo el planeta. Nuestros pasos de psicópatas no son difíciles de rastrear.

A menos que uno se aísle de forma voluntaria o sea un ignorante, de este asunto se ve y se escuchan noticias todos los días. La Gran Isla de Basura del Pacífico ya tiene ahora su semejante en el Atlántico y los científicos sospechan que puede haber otras. Las zonas oceánicas muertas se multiplican, la vida marina está despareciendo, los arrecifes de coral muriendo, el agua del mar cada vez más ácida y las migraciones de las especies marinas se hacen cada vez más precarias e imprevisibles. Nuestros sistemas de agua dulce están siendo envenenados por la escorrentía urbana, los desechos tóxicos, la minería, la dispersión de pesticidas, la lluvia ácida y el mercurio. Nuestras tierras están agotadas por la tala y la quema, la agricultura industrial, la deforestación. La desertización, la salinización del suelo y los recursos están despareciendo rápidamente. La diversidad biológica del planeta está siendo diezmada por la erosión de los ecosistemas y las toxinas, la fragmentación del habitat, la superpoblación, la codicia humana y el egoísmo. Nuestro propio cuerpo poco a poco se llenando de sopas de cadmio, plomo, aluminio, bencenos, formaldehído, cloro, acetona, mercurio, benzopirenos, nitrosaminas, herbicidas, productos de limpieza doméstica, etc, etc.

¿Es que la única esperanza para el planeta tiene que ser la eliminación de nuestra especie para que no se destruyan las demás?

Esta crisis no corresponde a un ciclo. Hemos visto al enemigo y somos nosotros, el que se mira en el espejo, la señora que ves en tu maquillaje, en las estrellas del karaoke, en los deportistas, en los protagonistas de los éxitos en taquilla, de las personalidades que proclaman cosas sabias o comparten recetas. Somos espectadores y ellos payasos. Su único objetivo es el de mantenernos en un cuerda floja de lo que está ocurriendo a nivel general sin que nos pongamos muy nerviosos

Es sólo cuestión de tiempo antes de que la dicotomía materialista desemboque es una obsolescencia planificada y en un capitalismo obsoleto. El número que ejecutamos en la cuerda floja no es que desafíe a la muerte, es que la estamos llamando. La vida no puede continuar de este modo, sobre todo con esos idiotas al volante, ebrios de su propio éxito, con adicción a la indulgencia y cegados por su narcisismo cultural.

Las calcomanías que vi esa mañana me inspiraron, en sentido metafórico, para acelerar y tomar en mis manos el volante, para seguir avanzando más y más rápido en una dirección incontrolada e irresponsable ¿Podría encontrarme con el mito del calentamiento global o con la amada huella de carbono? ¿Chocaría contra alguien que estuviese más preocupado por el tesoro en el cielo que por la vida sostenible en la tierra, o por si somos o no perdonados por nuestras culpas?

Desgraciadamente, la rabia se me fue disipando. Vamos todos en nuestros ataúdes de metal en nuestra vocación inconsciente y del todo está bien, con aquiescencia. Luego nos pondremos a ver la televisión y se olvidarán los actos irresponsables que cometemos.

http://dissidentvoice.org/2010/04/road-rage/#more-16372

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