El síndrome de “Culpar a los maestros”: una política educativa errónea

Por Jack Random / 15 de marzo de 2010

Cuando un distrito de Rhode Island anunció su intención de despedir a todos los maestros de Central Falls High School, en un gesto inequívoco de echarles la culpa, suponíamos, sin tener aún la certeza, de que era una escuela de gente humilde. Cuando un Consejo Escolar de Kansas City anunció el cierre de 28 escuelas antes del inicio del próximo curso escolar, ya suponíamos, sin tener la certeza, de que eran escuelas de gente humilde.

De hecho, investigando sólo un poco descubrimos que Central Falls es una de las ciudades más pobres del Estado, que tras la marcha de unos 18.000 estudiantes a las escuelas de distritos urbanos más ricos, los que quedaban en las escuelas populares eran sobre todo “negros y pobres”.

Si echamos una mirada a lo que el Gobierno decide bajo los dictados de No Child Left Behind (NCLB), encontramos que considera que son fallos o fracasos los generados por una comunidad en la que predomina la pobreza. Por otra parte, si tenemos en cuenta la grave crisis económica reciente (alta tasa de desempleo, ejecuciones hipotecarias y el valor de la vivienda en declive) y el enorme impacto que ha tenido en las comunidades pobres, es fácil ver la lucha que hoy en día se vive en estas escuelas.

Siempre que los datos se ofrecen por una fuente creíble, se observa la estrecha correlación entre la pobreza y los logros educativos, que cualquier persona imparcial no puede ignorar. Cuando las escuelas se clasifican según su calidad, las que ocupan las primeras posiciones son siempre las más ricas y predominantemente blancas, mientras que en la parte baja se encuentran los pobres, con una elevada proporción de minorías étnicas.

La correlación observada no es mera casualidad. Cuando se buscan respuestas para orientar las políticas públicas, tendrá que tenerse en cuenta está básica correlación. Hacer caso omiso de los efectos de la pobreza sobre la educación es como desconocer su correlación con los actos criminales y la delincuencia.

Por lo tanto, resultó desalentador cuando el presidente Obama parecía justificar el despido en masa de los maestros de Rhode Island, siguiendo la filosofía republicana sobre educación, consagrada en la ley NCLB, disparando tantos los demócratas y los republicanos con un truco político: “La culpa es del maestro”.

En California, hemos sido testigos recientemente de las soluciones que se aplican a las crisis presupuestarias: quemar a los profesores y destrozar lo poco que queda de educación pública. También hemos sabido que el Golden State tiene el triste honor, en la totalidad de la nación, de ser el Estado que menos financia por habitante la escuela pública. Durante años se mantuvo en el puesto 47, pero ahora se rezaga al último puesto, por detrás de los estados que sufrieron el huracán Katrina, Mississippi y Louisiana.

Tras llegar a esta situación es impensable que, un día de estos, un político en campaña electoral proclamase que como ya no se puede resolver el problema de la educación es tirar el dinero cualquier inversión que se haga en ella. Sin embargo, aunque no se dice es lo que se hace, y además con gran éxito de público. Con cara de elefante dicen que no podemos sacrificar a nuestros hijos con un gran déficit económico en el futuro, pero es precisamente lo que han hecho cuando siguen aniquilando el sistema de educación pública.

El legado de No Child Left Behind (de la era Bush) no es ni más ni menos que una receta para culpar a los profesores y abrir aún más las puertas para la privatización de la educación pública. Uno de los medios que se proponen para alcanzar este objetivo son las llamadas escuelas charter. Son escuelas autónomas, exentas de la realización de pruebas y evaluación de su rendimiento, cosa a la que se ven sometidas las escuelas públicas de forma regular. Éstas son administradas cada vez más por empresas privadas con ánimo de lucro.

Los últimos datos disponibles por el Centro Nacional de Evaluación y Progreso Educativo del año 2003, mostraban resultados más pobres en las escuelas charter que los obtenidos en las escuelas públicas. La solución del Gobierno a este problema fue… dejar de recoger datos.

Otra forma de socavar la educación pública es mediante el sistema conocido como los “vales escolares”. Mediante este programa parte de los fondos públicos son desviados de las escuelas públicas a las privadas. La alternativa privada no está sometida a los mismas normas y medidas de evaluación que las escuelas públicas, y de nuevo no hay datos que apoyen alguna ventaja en cuanto a rendimiento escolar.

Así que la solución a los males de las escuelas públicas es restarles financiación, ya de por sí limitada, y la adjudicación de los mismos a las escuelas privadas.

Es alentador que el Presidente Obama anunciara recientemente una reforma de No Child Left Behind. Quiere restar importancia a las pruebas estandarizadas, ampliando los criterios, como el factor asistencia y el clima del centro. Los objetivos primordiales son que todos los estudiantes logren una amplia competencia en lectura y Matemáticas, de modo que todos los estudiantes puedan graduarse y acceder a la Universidad (hay una pregunta básica: ¿cómo pueden los estudiantes acceder a la Universidad si no dominan la lectura y las matemáticas? ) Se quiere de esta forma abrir una brecha entre los estudiantes ricos y los pobres, y ampliar los criterios de evaluación del profesorado.

Tal vez sea el principio de una modesta mejoría, pero nos parece todavía insuficiente. Es necesario disminuir la carga que soportan las escuelas, que se han convertido en fábricas de pruebas. Sin embargo, no hay indicios de poner fin a la financiación de la educación privada por delante de la escuela pública.

Todas las escuelas del país están siendo machacadas por los recortes presupuestarios y la política de Obama no aborda el problema endémico de la falta de financiación de las escuelas públicas.


La política de Obama ni siquiera se hace la pregunta esencial: ¿ Por qué las escuelas de gente humilde tiene unos resultados más pobres? ¿Por qué los buenos profesores quieren trabajar en los barrios pobres a pesar de saber que les culparan de los fracasos de la educación pública?

Me hubiera gustado anunciar que el periodo en el que se echa la culpa a los maestros ha terminado, pero me temo que estamos entrando en un nuevo capítulo.

http://dissidentvoice.org/2010/03/blame-the-teacher-syndrome-a-misguided-education-policy/

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