Los asentamientos judíos en Jerusalén Oriental: ninguna posibilidad de paz

por Uri Avnery / 13 de marzo de 2010

Desde hace algunas semanas las noticias sobre Israel están dominadas por una sola palabra. La palabra de esta semana ha sido “el momento”.

Joe Biden

Era una cuestión de tiempo. El Gobierno de Israel ha insultado al Vicepresidente de los Estados Unidos, Joe Biden, uno de los mejores amigos de Israel, escupiendo a la cara del presidente Barack Obama. ¿Y qué? Sólo es una cuestión de tiempo.

Si el Gobierno hubiera anunciado la construcción de 1.600 nuevas viviendas en Jerusalén Oriental un día antes, se habría aceptado. Si se hubiese anunciado tres días más tarde, pues bien, maravilloso. ¡Pero hacerlo exactamente cuando Joe Biden iba a cenar con Bibi y Sarah’le, fue una mala elección en el tiempo.

El asunto en sí no es importante: que se construyan otras mil viviendas en Jerusalén Oriental, o 10.000 o 100.000, ¿qué diferencia hay? Lo único importante es el momento en el que se ha hecho.

Como dijo un francés: Pero que criminal es ser imbécil

La palabra imbécil también ha ocupado un lugar destacado esta semana, aunque “el momento” la ha superado.

La imbecilidad es un fenómeno aceptado en política. Diría incluso que para tener éxito en política se necesita una dosis de imbecilidad. A los votantes no les gusta los políticos demasiado inteligentes. Les hace sentirse inferiores. Un político tonto parece “una buena persona”.

La historia está llena de actos de locura realizados por los políticos. Mucho se ha escrito sobre esto. En mi opinión los prolegómenos que condujeron a la Primera Guerra Mundial, con sus millones de víctimas, estalló por la imbecilidad acumulada (en orden ascendente) por Austria, Rusia, Alemania y los políticos franceses y británicos.

Pero incluso en política la imbecilidad tiene sus límites, He pensado sobre esta cuestión durante mucho tiempo y quién sabe, algún día, cuando sea mayor, quizás escriba una tesis doctoral sobre el tema.

Mi tesis es la siguiente: En política, como en otros ámbitos, tonterías se hacen de forma regular. Pero algunas de ellas se detienen a tiempo, antes de que ocurra un desastre, mientras que otras siguen. Pero ¿es circunstancial o hay una regla?

La respuesta: no hay duda de que es una regla. Se maneja de la siguiente manera: cuando alguien comete un acto de locura que va en contra del régimen reinante, se detiene inmediatamente. El asunto pasa de un burócrata a otro, y llega un momento en que uno se pregunta: ¡un momento, aquí falla algo! Se consulta a la autoridad y se constata que es un error.

Pero cuando el acto de locura está en consonancia con el régimen, ya no hay frenos. Se pasa de unos a otros, y a todos les parece de lo más natural. No se enciende ninguna luz roja, no hay alarmas. Y así la locura se ejecuta y pronostica un desgraciado final.

Esta intuición me vino a la mente por primera vez por el siguiente asunto. En 1965, el presidente de Túnez, Habib Bourguiba, en su discurso en el campamento de refugiados de Jericó, luego bajo el gobierno de Jordania, exhortó a los árabes a reconocer al Estado de Israel. Se produjo un gran escándalo en todo el mundo árabe.

Algo después, el corresponsal de un diario israelí informó que en una conferencia de prensa en la sede de la ONU, que Bourguiba había pedido la destrucción de Israel. Esto sonaba extraño. Hice averiguaciones, comprobé el discurso y descubro que había dicho lo contrario: el periodista había cambiado un no por un sí.

¿Cómo puede ocurrir esto? Si el periodista se hubiese equivocado en sentido contrario, es decir, que hubiese dicho, por ejemplo, que Gamal Abd-el-Naser había aceptado que Israel entrase en la Liga Árabe, la noticia habría sonado disonante. Todas las luces rojas encendidas. Alguien habría dicho: ¡Revisa la noticia que hay algo extraño! Pero en el caso de Bourguiba, nadie se dio cuenta del error, porque todos ven más natural que un líder árabe llame a la destrucción de Israel. Entonces la noticia se desliza y aparece en los teletipos.

Algo parecido es lo que ha ocurrido esta semana en Jerusalén: todos los funcionarios del Gobierno saben que el Primer Ministro Nacionalista está presionado para la judaización de Jerusalén Oriental, respaldado por el entusiasta nacionalista radical el Ministro del Interior, y por el alcalde super-nacionalista de Jerusalén, al que se le cae la baba cuando imagina un barrio judío en el Monte del Templo. Así que ¿ por qué los burócratas iban a paralizar la confirmación de un barrio judío en Jerusalén Este? ¿Por un charlatán venido de las américas?

Por lo tanto, el momento elegido es importante, es lo único que es importante.

Durante los últimos días de la presidencia de Bill Clinton se publicó un plan de paz, en el que trató de hacer lo que no había hecho en ocho años, doblegándose constantemente a los sucesivos gobiernos de Israel. El plan parecía razonable, pero incluía una bomba de relojería.

Sobre Jerusalén Oriental, Clinton propuso que lo que es judío debe ser anexionado al Estado de Israel y lo que sea árabe a Palestina. Se supone (creo que con razón) que Yasser Arafat estaba avisado del compromiso, pues ya se habían construido algunos barrios judíos en Jerusalén Oriental. Pero Clinton no previó las consecuencias de esta propuesta.

En la práctica, se trataba de una invitación al gobierno de Israel para acelerar el establecimiento de nuevos asentamientos en Jerusalén Oriental, esperado que de este modo se conviertan en parte de Israel. De hecho, desde entonces, los sucesivos gobiernos de Israel han empeñado todos sus esfuerzos en este propósito. Como el dinero no tiene olor, non olet, cada casino propiedad de los judíos en Estados Unidos, cada burdel judío en Europa, ha sido invitado a participar en este esfuerzo. El precepto bíblico “No debes traer a la casa del señor tu Dios ni los dineros obtenidos por el alquiler de una prostituta o de la venta de tu perro, de ninguna manera, pues estos son abominados por Jehová tu Dios” (Deuteronomio 23:18), fueron suspendidos por esta santa causa.

Ahora bien, hay que meter prisas. No hay forma más eficaz de obstruir la paz que la construcción de nuevos asentamientos en Jerusalén Oriental.

Esto es evidente, y todo el mundo que conoce la región lo sabe. No hay paz posible sin un Estado Palestino independiente, y no hay Estado independiente sin Jerusalén Oriental. Hay unanimidad total entre todos los palestinos de Al Fatah y Jamas, y entre todos los árabes desde Marruecos a Irak, y entre todos los musulmanes de Nigeria a Irán.

No es posible la paz si la bandera palestina no ondea sobre Haram al-Sharif, los lugares sagrados del Islam, lo que llamamos el Monte del Templo. Ésta es una regla de hierro. Los árabes pueden ceder sobre la cuestión de los refugiados, ya penoso de por sí, sobre las fronteras, también una cuestión dolorosa, sobre cuestiones de seguridad, pero no firmarán ningún compromiso si Jerusalén Oriental no se convierte en la capital de Palestina. Aquí convergen todas las pasiones nacionales y religiosas.

El que pretenda destruir cualquier oportunidad para la paz no tiene nada más que actuar así. Los colonos y sus partidarios saben que cualquier acuerdo de paz incluiría la eliminación de muchos de los asentamientos, ya previstos en el pasado (y los que se estén planeando ahora), y que la destrucción de las mezquitas del Monte del Templo supondría una conflagración mundial, que de una vez por todas acabaría con cualquier oportunidad de paz.
Los extremistas judíos sueñan con una limpieza étnica en Jerusalén Oriental, la demolición de casas, negando los medios básicos de subsistencia, haciendo todavía más insoportable la vida para los árabes. La derecha moderada sólo pretende ocupar cada centímetro vació en el este de Jerusalén con nuevos barrios judíos. En definitiva, el objetivo es el mismo.

Esto lo conocen bien Obama y sus asesores. Creíamos al principio en su inocencia, que podían hablar amablemente con Netanyahu y Compañía para detener las construcciones y así facilitar el inicio de las negociaciones y lograr una solución para los dos Estados. Pero pronto se dieron cuenta de que esto es imposible sin ejercer presión, y no quieren hacerla.

Después de un corta y lastimosa lucha, Obama estuvo de acuerdo en otro engaño, la congelación de los establecimientos en Cisjordania. Ahora se construyen nuevas casas y los colonos están satisfechos. Ya han dejado de manifestarse.

Ahora ni siquiera se ha hecho de forma subrepticia, sino que Netanyahu acaba de decir a Obama que va a construir allí, directamente (como en Tel-Aviv), y Obama baja la cabeza. Cuando los funcionarios anunciaron el grandioso plan de construir en “Ramat Sholomo” esta semana, no estaban violando ningún acuerdo. Sólo era que el momento no era el más adecuado.

Para Joe Biden era una cuestión de honor, para Mahmoud Abbas una cuestión de supervivencia.

Bajo la intensa presión de los norteamericanos y sus agentes, los gobernantes de los países árabes, Abbas se vio obligado a aceptar las negociaciones con el gobierno de Netanyahu, aunque sólo son conversaciones indirectas, es decir, a distancia.

Es evidente que nada limpio va a salir de estas conversaciones, salvo más humillación para los palestinos. Si se mantiene la idea de construir en Jerusalén Este y en la Ribera Occidental, está anunciado de antemano que no hay ninguna posibilidad de acuerdo. Después de todo, no va Israel a entregar a los palestinos las grandes cantidades de dinero que ya ha invertido en este territorio. Una persona que se come todo el cocido mientras dice negociar no actúa con el deseo de dar algo al otro.
Incluso hace no mucho, Abbas y su gente tenían la esperanza de que algo positivo podría salir de todo esto: EE.UU podría ejercer mucha más presión para que Israel aplique los acuerdos alcanzados con anterioridad.

Pero Biden y Obama no dan motivos para la esperanza. Se limpió la saliva de la cara y sonrió como si nada hubiea pasado.

Como dice el refrán: cuando escupo al rostro de un hombre débil, éste finge que esta lloviendo.

¿No es esto aplicable al hombre que dice ser el más poderoso del mundo?

http://dissidentvoice.org/2010/03/a-matter-of-timing/

Para una ampliación de la información contenida en este artículo se puede consultar este otro en el blog Serge8923:

Jerusalén, la ciudad que puede generar una nueva gran guerra entre Palestina e Israel

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