Vioxx: cuando la ciencia se hace marketing

Historia de un acuerdo

Laurence Nassif dedicó tres años de su vida al caso Vioxx. Para lograr el acuerdo, reconoce que su sistema judicial tiene una ventaja: “En EEUU podemos solicitar la documentación de la propia empresa, que tiene obligación de facilitárnosla; esos documentos, que ya tenemos, son los que usaremos también en España”.

A pesar de haber demostrado que Merck ocultó deliberadamente que su fármaco estrella publicitado como el antiinflamatorio que, al contrario que los clásicos, no provocaba daños estomacales

incrementaba el riesgo de eventos cardiovasculares, Nassif no generaliza su crítica a Merck: “Nunca dijimos que fuera una mala empresa o que no tuvieran que haber puesto a la venta el medicamento; sólo que tenían que haber advertido de que tenía riesgos”.

Para Nassif, la clave está en el que por entonces era consejero delegado de la compañía, Raymond V. Gilmartin: “Fue la primera vez que pusieron a un ejecutivo al frente del negocio, en vez de a un científico; el interés económico superó al de la ciencia”. El abogado cree que las farmacéuticas “están muy presionadas por Wall Street” y que el enorme éxito de Vioxx fue como “un tren que se pone en marcha y ya no puedes pararlo, sobre todo si te está haciendo ganar millones de dólares al año”.

No es que pensaran: vamos a matar a toda esta gente. Pero manejaron muy mal la situación. Ahora, de nuevo, la empresa está dirigida por un científico y creo que ellos mismos saben que llevaron el negocio demasiado lejos”, añade. Nassif recuerda con especial cariño el caso de Frederick

Humeston, por el que pasó tres meses viviendo en un hotel: “Fue especialmente emocionante

porque perdimos el primer juicio pero solicitamos otro más, y conseguimos no sólo ganar, sino que el juez reconociera en la sentencia la mala fe de la empresa. Ahora mismo, la indemnización está apelada y puede que lleguemos a un acuerdo inferior, porque, si no, quizá el cliente tarde mucho en recibir el dinero”.

Culpabilidad no asumida

Este abogado no da ninguna importancia al hecho de que Merck no haya reconocido su culpabilidad al ofrecer el acuerdo a los demandantes. Para él, “el dinero habla” y, si no han aceptado su culpa es porque sus abogados “son inteligentes y saben que tienen muchas demandas internacionales pendientes”. Nassif no cree que los miles de médicos que recetaron el fármaco sean culpables de los efectos secundarios sufridos por algunos pacientes: “Durante el juicio accedimos a documentos que demostraban el acoso del laboratorio hacia los pocos médicos críticos, amenazándoles incluso con quitar becas a las universidades donde trabajaban. Pero la mayoría no sabía nada e incluso muchos tomaban Vioxx; otra cosas son los que cedieron su nombre para firmar estudios hechos por Merck, lo que se ha demostrado recientemente”. Una vez que el caso Merck está cerrado –Nassif adelanta que en septiembre se hará el primer depósito que se irá repartiendo a los afectados– es hora de

plantearse si este caso ha servido de algo. El abogado Dennis Reich, que también asesora al despacho español, cree que sí: “Está claro que ahora se conocen más los detalles de los ensayos clínicos; de hecho, la FDA ha obligado a que se cuelguen en una página web del Gobierno, por lo que se pueden analizar todos los datos. El proceso regulatorio de los fármacos es ahora más abierto que antes”.

Y concluye: “Creo que Vioxx abrió los ojos a mucha gente: a la sociedad, al gobierno, a los médicos… Cuando los laboratorios se preocupan más por hacer fármacos para el estilo de vida que para curar enfermedades y pesa más el marketing que la ciencia, sin duda algo va mal”.

Diario Público, 3 de mayo de 2008

Véase también:

http://iniciativaciudadanaii.blogspot.com/2009/11/vioxx-las-practicas-inconfesables-de.html

donde se dan más detalles del asunto Vioxx, de laboratorios Merck

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